1.- Un lugar en el autobús.

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Cuestión Primera

No reconocerse en el ojo ajeno puede ser una forma de no aceptar nuestra propia realidad, incluso de no  saber amarnos y mucho menos saber amar a quien tenemos delante. Podría ser también una forma de sufrimiento, de dolor, de resistencia activa que no hace más que tensionar esta hermosa cuerda que se llama vida y que solamente una nos une a todo y a todos. No reconocerse en el ojo ajeno es la voluntad expresa de quien tiene miedo.

 

Un lugar en el Autobús

Llovía en Buenos Aires aquél Martes de Octubre y la vereda parecía ahogarse conforme pasaban los minutos. La lluvia en Argentina es extraña pues va y viene llevándose consigo un considerable número de grados en cuestión de momentos.

Sentada en la parada del autobús, Micaela jugaba a mecer sus piernas de adelante a detrás mientras intentaba no sumergir las puntas de sus zapatos nuevos en el charco que se había formado bajo la  misma banca.

Como cada mañana, Micaela esperaba la llegada de su amiga Jorgelina con quien tomaba el Bus hasta el colegio mientras repasaban juntas las lecciones o tareas sobre las que debían responder a sus profesores.

En el preciso instante en el que Micaela vio el número 28 del autobús que la tenía que llevar al colegio, su amiga Jorgelina la sorprendió por la espalda con un tirón en la mochila, ciertamente desagradable, pero Micaela nunca osó quejarse, siempre lo tomó como un gesto de cariño.

La expresión de Jorgelina no era la de siempre y por eso Micaela le preguntó si se encontraba bien, a lo que Jorgelina le respondió:¿no viste las noticias por televisión de ayer? ¿sabias que nos rodean cientos de miles de seres extraños de otros planetas cuyas intenciones no están del todo claras?

Micaela sonrió ebria de inseguridad y quiso saber como podía haberse descubierto algo así y por eso replicó:

¿Y cómo pudieron reconocer a cientos de seres extraños con intenciones dudosas si no hay nada aparentemente extraño?¿son a caso invisibles? …. Vamos Jorgelina! Te gusta tomarme el pelo y las buenas amigas no hacen esas cosas!Verás Micaela, si cuando mires fijamente a alguien distingues un brillo especial en sus ojos será entonces cuando habrás reconocido a uno de ellos. No hagas nada, no trates de delatarlos ni tampoco te pongas nerviosa ¿entendido? A los pocos minutos, Jorgelina se puso a hablar con su profesora de gimnasia pues se habían encontrado allí mismo.

La cara de Micaela parecía no poder expresar nada, había dejado reposar su cabeza sobre el brazo que tan bien amarrado tenía a la anilla del autobús para no caerse y empezó a observar a su alrededor mientras pensaba una y otra vez si sería o no cierto.

La primera persona con la que Micaela cruzó su mirada fue una señora de avanzada edad la cual le regaló una sonrisa, pero Micaela no pudo devolverle tal gesto pues ya había detectado el brillo en sus ojos. Rápidamente giró su cabeza hacia la parte trasera del autobús y allí observo dos chicos hablando entre ellos, también tenían el mismo brillo en sus ojos.

Los nervios se apoderaron de Micaela y por eso quiso encontrar un asiento libre en el que descansar fijando ahora su mirada en el exterior, donde vió muchos más brillos en los ojos de las personas que conducían otros coches e incluso vió los brillos en algunos repartidores de periódicos que pedaleaban sus enormes bicicletas.

Cuando ya no pudo más decidió apretar el botón que le permitiría bajar de aquél autobús en la siguiente parada y posiblemente le permitiría despertar de aquella pesadilla que tan infernal le resultaba ser.

Cuando se abrieron las puertas, Micaela saltó y se apresuró corriendo en el sentido contrario al que había avanzado el autobús y en dirección a su casa, esquivaba charcos y sorteaba a otros muchos transeúntes, bicicletas y tenderos. Continuó viendo otros muchos brillos en la gente con la que se iba cruzando.

Pedro, el portero de la escalera de su casa tampoco pudo ser menos y a él también se le adjudicó la nueva categoría de ser extraterrestre mientras se quedaba con un par de palabras en la boca y un gesto de sorpresa. Jamás había visto correr de forma tan desesperada a Micaela.

Temblorosa y con un gran deseo de cruzar el umbral de la puerta de su casa, dió con las llaves con las que entraría, y mientras las estaba introduciendo en el paño, su madre acompañó la puerta desde el otro lado permitiéndole la entrada. Y Micaela, al verla, tan asustada como exhausta exclamó:

¡¿tú también?!

Apartó a su madre como pudo y corrió hasta el baño dejando tras de si cientos de exclamaciones de sorpresa. Una vez cerrada en el baño, respiró con profundidad dejando sostener su peso sobre los brazos que se apoyaban sobre la pica del lavabo. Intentó controlar su ritmo cardíaco con todas sus fuerzas cerrando los ojos y rezando con la velocidad con la que lo hacían sus compañeras de clase esperando la hora del recreo.

Acto seguido abrió el grifo del agua fría y se refrescó la cara varias veces, cuando no pudo más se miró al espejo y ante ella apareció el reflejo de su rostro en el cual pudo reconocer el mismo brillo que también debía haber dejado el agua de la lluvia sobre el resto de ojos de los extraterrestres con los que se había cruzado aquella mañana.

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